Y si, entre tanta vuelta y tanto refrito de cosas viejas no podía faltar una peli que tiene como protagonista a un muerto resucitado. La película de esta semana nos lleva a la antigua china por algo que poco tiene que ver con las olimpíadas.
Con una lavada de cara a la franquicia esta entrega de la saga deja descansar en paz a las momias egipcias y va a buscar problemas a ese raro país de oriente. Brendan Fraser vuelve al ruedo ahora con un hijo, que tiene casi su misma edad y una esposa que es la misma de siempre pero que por esa magia del cine, y especialmente de los contratos cinematográficos, tiene un cuerpo totalmente diferente.
Nuestro gran amigo y su flamante joven esposa viven en la opulencia de su caserón ingles cuando un anciano antropólogo les ofrece volver a la acción llevando una preciada reliquia a la lejana China. La pareja acepta ávida de volver a la aventura de su época dorada.
Ya en el país del arroz se encontraron con el joven hijo de la pareja que siguió la tradición de los padres y también es antropólogo, incluso estaba allí porque descubrió un ejercito entero fosilizado con un emperador y todo. Y como es de esperarse, porque sin esto no habría película, el malvado emperador es resucitado y con él reviven los problemas, la acción y las situaciones cómicas que tanto nos gustaron de las anteriores entregas de la saga.
Con mejores planos, la misma cantidad de humor y prácticamente la misma historia, esta película es otra de las resurrecciones que no nos molesta que estén pero tampoco extrañamos demasiado. Es una buena opción para tener en cuenta pero tampoco es algo para morirse y luego resucitarse por ver.
domingo, 24 de agosto de 2008
martes, 12 de agosto de 2008
Hancock
No es un pájaro, no es un avión, es… un borracho volador. Si, es Hancook, todo lo contrario a lo que un super heroe debería ser. En la peli de esta semana tenemos a alguien que lo piensa dos veces si tiene que elegir entre rescatar a una chica o a una buena botella de ron.
En una pantalla atestada de películas de superhéroes, este personaje con serios problemas alcohólicos, le da una vuelta de tuerca a la ya muy vista historia de esos hombres voladores con mallas ajustadas que rescatan inocentes y bellísimas mujeres.
Pero este film no es una hondonada de aire fresco al género sólo porque el héroe destruye muchas más cosas de las que intenta salvar, o porque en vez de traje tiene el aspecto de un vagabundo en un muy mal día; sino porque la historia en si mezcla la ciencia ficción, con el humor y aparte le añade un misterioso pasado que se va develando hacia el final, dándole un condimento muy especial a la peli.
Nuestro héroe, que vive con resaca de la noche anterior, intenta ayudar a la sociedad con sus super poderes, claro que con cada intento que hace la sociedad le dice que puede manejarse sin su ayuda. En uno de esos rescates heroicos, que terminó por destruir un tren de cargas, conoce a un especialista en marketing que le dice que tiene que cambiar su imagen.
Este crédulo agente intenta llevarlo por el buen camino, le dice que se entregue a las autoridades y que cumpla una condena por todos los destrozos que hizo. Mientras la sociedad aprende a extrañarlo, él le impartirá un curso acelerado de super heroe para que este muchacho se parezca un poco más a los grandes ídolos de los comics.
Con todo esto, este cocktail de géneros resulta en una interesante y entretenida película que va a deleitar a los amantes del género y a aquellos que no lo son tanto, pero les gustan las buenas comedias en donde nada es como debería ser.
En una pantalla atestada de películas de superhéroes, este personaje con serios problemas alcohólicos, le da una vuelta de tuerca a la ya muy vista historia de esos hombres voladores con mallas ajustadas que rescatan inocentes y bellísimas mujeres.
Pero este film no es una hondonada de aire fresco al género sólo porque el héroe destruye muchas más cosas de las que intenta salvar, o porque en vez de traje tiene el aspecto de un vagabundo en un muy mal día; sino porque la historia en si mezcla la ciencia ficción, con el humor y aparte le añade un misterioso pasado que se va develando hacia el final, dándole un condimento muy especial a la peli.
Nuestro héroe, que vive con resaca de la noche anterior, intenta ayudar a la sociedad con sus super poderes, claro que con cada intento que hace la sociedad le dice que puede manejarse sin su ayuda. En uno de esos rescates heroicos, que terminó por destruir un tren de cargas, conoce a un especialista en marketing que le dice que tiene que cambiar su imagen.
Este crédulo agente intenta llevarlo por el buen camino, le dice que se entregue a las autoridades y que cumpla una condena por todos los destrozos que hizo. Mientras la sociedad aprende a extrañarlo, él le impartirá un curso acelerado de super heroe para que este muchacho se parezca un poco más a los grandes ídolos de los comics.
Con todo esto, este cocktail de géneros resulta en una interesante y entretenida película que va a deleitar a los amantes del género y a aquellos que no lo son tanto, pero les gustan las buenas comedias en donde nada es como debería ser.
lunes, 4 de agosto de 2008
Wall-e
En un mundo animado, que cada vez se confunde más con la realidad, vive un solitario personaje que es el único que le da vida a este planeta futurista que poco tiene de desarrollado. El simpatiquísimo Wall-e es nuestro guía en un mundo repleto de basura y que carece de todo lo demás.
En una montaña rusa de humor, emociones y aventura, la película de la semana nos presenta a un personaje que ya desde el primer fotograma nos asegura que va a entrar a ese salón de la fama imaginario donde guardamos a nuestras caricaturas preferidas. Pero poco de caricaturesco tiene el mundo que habita este pequeño robot, donde tenemos que hacer un esfuerzo para distinguir si es algo filmado o animado. La factura técnica de esta película nos asombra, pero esto no serviría de nada si no existiese la historia sólida que hay detrás.
Nuestro nuevo amiguito, es el único sobreviviente (no se si esta bien dicho esto cuando hablamos de un robot) de una serie de robots que hace más de 700 años fueron construidos con un sólo propósito, limpiar el tremendo basural en el que la tierra se había convertido.
La humanidad fue enviada al espacio y este agradable personaje es el encargado de hacer de la tierra un lugar habitable nuevamente. Este futuro realmente catastrófico está contado de una manera muy divertida y con algunas pinceladas de emotividad por nuestro simpático personaje que parece ser más sensible de lo que normalmente se espera de una máquina.
Los días van pasando mientras realiza su titánica tarea y de paso guarda lo que le parece valioso de nuestra especie. Pero la solitaria rutina de Wall-e se ve alterada cuando llega un moderno robot llamada Eva, de la cual nuestro sensible amiguito se enamora perdidamente.
Con pocos diálogos y un gran recorrido por todas las emociones humanas, esta peli nos hace rememorar las viejas épocas de los dibujos animados, donde no todo pasaba por los chistes fáciles, sino que también había un mar de otras emociones por explorar. Todo esto hace más que recomendable este film que es sólo para chicos, porque nos hace a todos volver a la infancia.
En una montaña rusa de humor, emociones y aventura, la película de la semana nos presenta a un personaje que ya desde el primer fotograma nos asegura que va a entrar a ese salón de la fama imaginario donde guardamos a nuestras caricaturas preferidas. Pero poco de caricaturesco tiene el mundo que habita este pequeño robot, donde tenemos que hacer un esfuerzo para distinguir si es algo filmado o animado. La factura técnica de esta película nos asombra, pero esto no serviría de nada si no existiese la historia sólida que hay detrás.
Nuestro nuevo amiguito, es el único sobreviviente (no se si esta bien dicho esto cuando hablamos de un robot) de una serie de robots que hace más de 700 años fueron construidos con un sólo propósito, limpiar el tremendo basural en el que la tierra se había convertido.
La humanidad fue enviada al espacio y este agradable personaje es el encargado de hacer de la tierra un lugar habitable nuevamente. Este futuro realmente catastrófico está contado de una manera muy divertida y con algunas pinceladas de emotividad por nuestro simpático personaje que parece ser más sensible de lo que normalmente se espera de una máquina.
Los días van pasando mientras realiza su titánica tarea y de paso guarda lo que le parece valioso de nuestra especie. Pero la solitaria rutina de Wall-e se ve alterada cuando llega un moderno robot llamada Eva, de la cual nuestro sensible amiguito se enamora perdidamente.
Con pocos diálogos y un gran recorrido por todas las emociones humanas, esta peli nos hace rememorar las viejas épocas de los dibujos animados, donde no todo pasaba por los chistes fáciles, sino que también había un mar de otras emociones por explorar. Todo esto hace más que recomendable este film que es sólo para chicos, porque nos hace a todos volver a la infancia.
lunes, 28 de julio de 2008
El caballero de la noche
Finalmente el momento llego, no más espera, no más trailers que no develan nada, no más películas de relleno. La mejor película del año arribo finalmente a las carteleras de todo el mundo y está aquí para quedarse por mucho tiempo más.
Ampliamente superando a su predecesora, la película de esta semana, rompe el molde en cuanto a las películas de la saga de este misterioso personaje. Y no todo esto se debe a nuestro oscuro amigo, sino que gran parte del mérito la tiene su alter-ego por antonomasia, el queridísimo Guasón. Con la presencia de estos dos en pantalla, el tema principal se remonta a uno que tiene mucha importancia dentro de la historia de este personaje y que practicante lo define: la lucha entre el orden y el kaos. Sin necesidad de aclararles que representa cada uno de los personajes, esta batalla casi filosófica es más que interesante y llena, de una manera espectacularmente entretenida, las más de dos horas de película.
La historia se centra un tiempo después de cuando termina su predecesora. Los criminales ya no están tan tranquilos en ciudad gótica, el héroe enmascarado los tiene a raya, pero también hay un fiscal de distrito que esta haciendo que los maleantes tiemblen. Todo mejora poco a poco, incluso varios ciudadanos se atreven a enfrentar a los criminales ellos mismos vestidos como el enmascarado, cosa que no le agrada tanto a nuestro amigo de capa negra.
Pero, como no podía ser de otra manera, en las películas nada puede ir bien por mucho tiempo, generalmente por más de 57 minutos. Es por eso que la mafia se une en pos de liquidar al murciélago y le dan esta difícil tarea a un payaso que esta vez no causa tanta gracia, un psicópata que se hace llamar “El Guasón”. Este personaje es casi tan peligroso para el encapotado como para los malhechores, porque su único fin es crear kaos en la ciudad. Eso es lo que hace que este sea el peor de los malos en la vida de nuestro héroe, porque cómo detener algo que no tiene el menor sentido.
Con el Batman que todos queríamos ver, esta peli no defrauda en nada a los fanáticos que esperaron pacientemente la continuación de esta saga que hizo resurgir al encapotado y le saco para siempre esa viejo mote de gordito simpático que se vestía con una calza azul, bailaba twist y vivía en una cueva con un menor de edad.
Ampliamente superando a su predecesora, la película de esta semana, rompe el molde en cuanto a las películas de la saga de este misterioso personaje. Y no todo esto se debe a nuestro oscuro amigo, sino que gran parte del mérito la tiene su alter-ego por antonomasia, el queridísimo Guasón. Con la presencia de estos dos en pantalla, el tema principal se remonta a uno que tiene mucha importancia dentro de la historia de este personaje y que practicante lo define: la lucha entre el orden y el kaos. Sin necesidad de aclararles que representa cada uno de los personajes, esta batalla casi filosófica es más que interesante y llena, de una manera espectacularmente entretenida, las más de dos horas de película.
La historia se centra un tiempo después de cuando termina su predecesora. Los criminales ya no están tan tranquilos en ciudad gótica, el héroe enmascarado los tiene a raya, pero también hay un fiscal de distrito que esta haciendo que los maleantes tiemblen. Todo mejora poco a poco, incluso varios ciudadanos se atreven a enfrentar a los criminales ellos mismos vestidos como el enmascarado, cosa que no le agrada tanto a nuestro amigo de capa negra.
Pero, como no podía ser de otra manera, en las películas nada puede ir bien por mucho tiempo, generalmente por más de 57 minutos. Es por eso que la mafia se une en pos de liquidar al murciélago y le dan esta difícil tarea a un payaso que esta vez no causa tanta gracia, un psicópata que se hace llamar “El Guasón”. Este personaje es casi tan peligroso para el encapotado como para los malhechores, porque su único fin es crear kaos en la ciudad. Eso es lo que hace que este sea el peor de los malos en la vida de nuestro héroe, porque cómo detener algo que no tiene el menor sentido.
Con el Batman que todos queríamos ver, esta peli no defrauda en nada a los fanáticos que esperaron pacientemente la continuación de esta saga que hizo resurgir al encapotado y le saco para siempre esa viejo mote de gordito simpático que se vestía con una calza azul, bailaba twist y vivía en una cueva con un menor de edad.
lunes, 30 de junio de 2008
El círculo de la bronca
Nos pasa muy seguido, cada vez más, esto de nublarnos y ver algo que se esta haciendo de una manera errónea y embroncarnos, ponernos mal, angustiarnos, querer gritar, salir, golpear, lastimar y hasta matar a ese hijo de puta, a ese guacho que es la causa de todos nuestros problemas, la razón de todas nuestras penurias, el motivo por el cual todos nosotros vivimos así, en este mar de incertidumbre, de dolor y de bronca, más que nada de bronca.
Pero cuando uno está en este estado que mezcla el agotamiento con la falta de aire y la mirada fija en un solo punto, no tenemos mucho espacio para pensar, ni tampoco nos lo damos. Y la verdad es que no hay que ser muy inteligente para ver que por ahí, si nos dábamos ese pequeño espacio en un comienzo no tendríamos que sufrir la bronca después, ¿no?
La racionalidad y la bronca no son muy amigas, más bien son opuestas. Pero más allá que parezca obvio con cual de las dos uno se quedaría, me parece que el problema es justamente ese, elegir. En el pensamiento occidental entendemos todo en opuestos: blanco y negro, bueno y malo, sentimientos o racionalidad; Y parecería ser que siempre estamos condenados a elegir una y desear que no necesitemos de la otra porque todo nuestro sistema se caería abajo.
Aquí está el problema principal, porque siempre necesitamos del otro extremo. Imagínense un mundo sin el blanco, sería un mundo totalmente oscuro y tenebroso. Pero que pasaría si pasa exactamente lo mismo pero con el negro, ¿cómo podríamos disfrutar de la luz sin la oscuridad? El mundo no se puede ver desde un lado u otro. Por más bueno o interesante que parezca cualquiera de ellos, los dos lados son igualmente importantes y para verlos mejor a los dos siempre hay que pararse en el medio.
Volviendo al tema principal, toda esta ebullición de sentimientos se da un poco por eso. Porque en ese momento creemos que todo se reduce a eso, y muchas veces eso es lo que nos llevo a la bronca en primer lugar. Todo tiene puntos buenos y malos y según lo que nos parezca en ese momento elegimos el peor de los males. Pero cuando somos irracionales la otra opción tiene todos puntos buenos, es ahí donde probablemente tenemos que empezar a desconfiar.
Es bastante obvio si nos lo ponemos a pensar, el camino de la bronca sólo nos lleva a elegir lo diametralmente opuesto a lo que veníamos eligiendo. Y si quieren se los firmo acá, pero cuando todos vamos tan decididamente a elegir algo, al poco tiempo esa opción se agota y vamos a estar con la misma bronca deseando estar de vuelta del otro lado de la vereda. Ahí es cuando el círculo se completa y todo vuelve a empezar
A veces para no estar cruzando todo el tiempo de vereda en vereda deberíamos tomar lo mejor de cada una y construir una opción intermedia que conforme esas dos mitades que siempre se están peleando y viven dentro de nosotros. Por ahí, en vez de tirar cada uno para su lado y ver quien se queda con la mejor porción, podríamos preocuparnos por tirar los dos para un lado en común y no tener que preocuparnos tanto por cómo repartimos, sino por cómo tener más para repartir. Porque no nos olvidemos que si usted tiene solcito a la mañana, a la tarde seguro le va a tocar al de enfrente.
Claro, acordar una estrategia en común conlleva tener que salir de nuestra postura y concensuar con ese otro que hasta hace un ratito nomás representaba todos los males del planeta, pero quien te dice, por ahí haciéndolo nos damos cuenta que eso nos convenía más que andar embroncados todo el tiempo.
Pero cuando uno está en este estado que mezcla el agotamiento con la falta de aire y la mirada fija en un solo punto, no tenemos mucho espacio para pensar, ni tampoco nos lo damos. Y la verdad es que no hay que ser muy inteligente para ver que por ahí, si nos dábamos ese pequeño espacio en un comienzo no tendríamos que sufrir la bronca después, ¿no?
La racionalidad y la bronca no son muy amigas, más bien son opuestas. Pero más allá que parezca obvio con cual de las dos uno se quedaría, me parece que el problema es justamente ese, elegir. En el pensamiento occidental entendemos todo en opuestos: blanco y negro, bueno y malo, sentimientos o racionalidad; Y parecería ser que siempre estamos condenados a elegir una y desear que no necesitemos de la otra porque todo nuestro sistema se caería abajo.
Aquí está el problema principal, porque siempre necesitamos del otro extremo. Imagínense un mundo sin el blanco, sería un mundo totalmente oscuro y tenebroso. Pero que pasaría si pasa exactamente lo mismo pero con el negro, ¿cómo podríamos disfrutar de la luz sin la oscuridad? El mundo no se puede ver desde un lado u otro. Por más bueno o interesante que parezca cualquiera de ellos, los dos lados son igualmente importantes y para verlos mejor a los dos siempre hay que pararse en el medio.
Volviendo al tema principal, toda esta ebullición de sentimientos se da un poco por eso. Porque en ese momento creemos que todo se reduce a eso, y muchas veces eso es lo que nos llevo a la bronca en primer lugar. Todo tiene puntos buenos y malos y según lo que nos parezca en ese momento elegimos el peor de los males. Pero cuando somos irracionales la otra opción tiene todos puntos buenos, es ahí donde probablemente tenemos que empezar a desconfiar.
Es bastante obvio si nos lo ponemos a pensar, el camino de la bronca sólo nos lleva a elegir lo diametralmente opuesto a lo que veníamos eligiendo. Y si quieren se los firmo acá, pero cuando todos vamos tan decididamente a elegir algo, al poco tiempo esa opción se agota y vamos a estar con la misma bronca deseando estar de vuelta del otro lado de la vereda. Ahí es cuando el círculo se completa y todo vuelve a empezar
A veces para no estar cruzando todo el tiempo de vereda en vereda deberíamos tomar lo mejor de cada una y construir una opción intermedia que conforme esas dos mitades que siempre se están peleando y viven dentro de nosotros. Por ahí, en vez de tirar cada uno para su lado y ver quien se queda con la mejor porción, podríamos preocuparnos por tirar los dos para un lado en común y no tener que preocuparnos tanto por cómo repartimos, sino por cómo tener más para repartir. Porque no nos olvidemos que si usted tiene solcito a la mañana, a la tarde seguro le va a tocar al de enfrente.
Claro, acordar una estrategia en común conlleva tener que salir de nuestra postura y concensuar con ese otro que hasta hace un ratito nomás representaba todos los males del planeta, pero quien te dice, por ahí haciéndolo nos damos cuenta que eso nos convenía más que andar embroncados todo el tiempo.
jueves, 22 de mayo de 2008
El por qué del para qué
A todos nos paso en algún momento. Esas noches de depresión en las que las chicas se matan comiendo helado o algo dulce y los hombre…bueno, nos matábamos con otras cosas y dábamos vueltas por nuestras cabezas como si fuéramos a encontrar la respuesta escondida en alguna oscura esquina de nuestra mente. Pero por más vueltas que demos y por más perdidos que estemos, la respuesta nunca aparecía a esa pregunta que nos acompaña desde el principio de los tiempos, esa pregunta por la que se escribieron bibliotecas enteras y que en nuestro desesperado intento por responderla acudimos a las teorías más locas y diversas. La pregunta que es casi tan vieja como nuestra existencia: ¿para qué estamos acá?
No me pueden negar que esta pregunta nunca rondó por sus cabecitas locas. ¿Por qué alguien nos dio conciencia y nos trajo a este mundo lleno de maravillas cotidianas? Es como que alguien se tomo demasiadas molestias sólo para que estemos, ¿no? Tiene que haber algo más ¿no? Tenemos que estar acá por alguna razón ¿no?... ¿no? Yo entiendo que esta pregunta fue analizada por millones de personas mucho más inteligentes que yo y sigue sin respuesta aun después de eso, pero, para tranquilidad de un montón de filósofos que por las dudas ya se estaban revolcando en sus tumbas, no me voy ni a molestar en responderla.
Porque en realidad la intención de esta conclusión no es enfocarse en esa pregunta sino en otra que está directamente relacionada y que podrán adivinar simplemente leyendo el título de este post: “¿El por qué del para qué?” Hace poquito charlaba con un amigo sobre algo que había leído de un escritor que decía algo así como que buscarle el sentido a la vida era como encontrarle lógica a algo totalmente irracional. Me pareció interesante su conclusión pero más allá de eso me quedé intrigado, porque me había percatado de algo que conocía pero que nunca había percibido. Esa obsesión del hombre por encontrarle un sentido a la vida tenía, quizás a diferencia de la anterior, un razonamiento lógico atrás. Y ya que estamos en este asunto de sacar conclusiones simpáticas de cosas complejas, me dispuse a averiguarlo.
La vida no es racional como decía este escritor, del que no recuerdo el nombre, pero nuestra vida si lo es. La vida que construimos para nosotros mismos se rige casi en su totalidad por la razón. Sabemos que de acuerdo a las decisiones que tomemos tendremos consecuencias que siempre son las mismas, no varían. Sabemos que nacemos pequeños, crecemos, tenemos hijos y luego morimos; Y eso es lo lógico, lo que tenemos preestablecido. Pero, ¿qué pasa cuando este orden lógico se choca con la irracionalidad? ¿Qué pasa cuando un chico muere, o cuando un padre sobrevive a su hijo? Hay algo extraño ahí, esa superestructura que construimos pierde su sustento y se nos cae en la cabeza como un tremendo terremoto que destruye todo lo que construimos durante tanto tiempo.
Aunque a veces, sin llegar a los extremos de los ejemplos anteriores, nos encontramos cara a cara con esta irracionalidad. Tarde o temprano la vida logra sacarnos de nuestras casillitas prefabricadas y ponernos cara a cara con la realidad. Esa realidad que nos aterroriza constantemente, a la que tanto miedo le tenemos. Pero, ¿por qué es eso? ¿Por qué construimos todo un mundo para escaparnos, o al menos intentarlo, de esa aterradora realidad?
Y acá es cuando tenemos que ponernos una mano en el corazón y pensar. ¿Podríamos salir a la calle todos los días si nos ponemos a pensar todo el tiempo en que quizás no vamos a volver? ¿Amaríamos a alguien si somos concientes de que lo vamos a perder o él nos va a perder a nosotros? De pronto una vida simple se puede transformar en complicada si somos concientes de que cada respiro que damos puede llegar a ser el último.
Es raro pero a medida que “evolucionamos” como especie, vamos “involucionando” en nuestro contacto con la cruda realidad. Esa que, tarde o temprano, nos toca el hombro y nos hace acordar que siempre estuvo ahí, por más empecinados que estemos en ignorarla.
Este miedo es el que nos hace escaparnos y nos hace pensar diferente. Es como una especie de combo indeseable que viene con la razón, el hecho de ser concientes que vamos a morir tarde o temprano. Y esto de pensar que estamos más allá, que no somos sólo una cuenta regresiva sino que tenemos otro propósito en la vida, es una especie de escapatoria a todo esto.
De alguna manera, el mirar para arriba y pensar que podemos alcanzar las estrellas con las manos, nos hace olvidar por un momento lo cercanos que estamos del suelo.
No me pueden negar que esta pregunta nunca rondó por sus cabecitas locas. ¿Por qué alguien nos dio conciencia y nos trajo a este mundo lleno de maravillas cotidianas? Es como que alguien se tomo demasiadas molestias sólo para que estemos, ¿no? Tiene que haber algo más ¿no? Tenemos que estar acá por alguna razón ¿no?... ¿no? Yo entiendo que esta pregunta fue analizada por millones de personas mucho más inteligentes que yo y sigue sin respuesta aun después de eso, pero, para tranquilidad de un montón de filósofos que por las dudas ya se estaban revolcando en sus tumbas, no me voy ni a molestar en responderla.
Porque en realidad la intención de esta conclusión no es enfocarse en esa pregunta sino en otra que está directamente relacionada y que podrán adivinar simplemente leyendo el título de este post: “¿El por qué del para qué?” Hace poquito charlaba con un amigo sobre algo que había leído de un escritor que decía algo así como que buscarle el sentido a la vida era como encontrarle lógica a algo totalmente irracional. Me pareció interesante su conclusión pero más allá de eso me quedé intrigado, porque me había percatado de algo que conocía pero que nunca había percibido. Esa obsesión del hombre por encontrarle un sentido a la vida tenía, quizás a diferencia de la anterior, un razonamiento lógico atrás. Y ya que estamos en este asunto de sacar conclusiones simpáticas de cosas complejas, me dispuse a averiguarlo.
La vida no es racional como decía este escritor, del que no recuerdo el nombre, pero nuestra vida si lo es. La vida que construimos para nosotros mismos se rige casi en su totalidad por la razón. Sabemos que de acuerdo a las decisiones que tomemos tendremos consecuencias que siempre son las mismas, no varían. Sabemos que nacemos pequeños, crecemos, tenemos hijos y luego morimos; Y eso es lo lógico, lo que tenemos preestablecido. Pero, ¿qué pasa cuando este orden lógico se choca con la irracionalidad? ¿Qué pasa cuando un chico muere, o cuando un padre sobrevive a su hijo? Hay algo extraño ahí, esa superestructura que construimos pierde su sustento y se nos cae en la cabeza como un tremendo terremoto que destruye todo lo que construimos durante tanto tiempo.
Aunque a veces, sin llegar a los extremos de los ejemplos anteriores, nos encontramos cara a cara con esta irracionalidad. Tarde o temprano la vida logra sacarnos de nuestras casillitas prefabricadas y ponernos cara a cara con la realidad. Esa realidad que nos aterroriza constantemente, a la que tanto miedo le tenemos. Pero, ¿por qué es eso? ¿Por qué construimos todo un mundo para escaparnos, o al menos intentarlo, de esa aterradora realidad?
Y acá es cuando tenemos que ponernos una mano en el corazón y pensar. ¿Podríamos salir a la calle todos los días si nos ponemos a pensar todo el tiempo en que quizás no vamos a volver? ¿Amaríamos a alguien si somos concientes de que lo vamos a perder o él nos va a perder a nosotros? De pronto una vida simple se puede transformar en complicada si somos concientes de que cada respiro que damos puede llegar a ser el último.
Es raro pero a medida que “evolucionamos” como especie, vamos “involucionando” en nuestro contacto con la cruda realidad. Esa que, tarde o temprano, nos toca el hombro y nos hace acordar que siempre estuvo ahí, por más empecinados que estemos en ignorarla.
Este miedo es el que nos hace escaparnos y nos hace pensar diferente. Es como una especie de combo indeseable que viene con la razón, el hecho de ser concientes que vamos a morir tarde o temprano. Y esto de pensar que estamos más allá, que no somos sólo una cuenta regresiva sino que tenemos otro propósito en la vida, es una especie de escapatoria a todo esto.
De alguna manera, el mirar para arriba y pensar que podemos alcanzar las estrellas con las manos, nos hace olvidar por un momento lo cercanos que estamos del suelo.
lunes, 7 de abril de 2008
¿Querés un consejo?
¿Nunca les paso de darle un consejo a un amigo para que se levante una chica, o ustedes chicas, contarle a una amiga que tiene que hacer para que un chico se interese en ustedes? ¿Y no coincidía ese momento con el de estar solos o solas como un perro o perra (de acuerdo al género por si no quedo claro)?
Esto nos pasa a todos, desde el que se para atrás del que hace el asado para decirle que hacer, hasta acompañante que le dice al conductor todo lo que hace mal. Todos sabemos que es lo que los demás tienen que hacer, ya sea sobre si le conviene o no el nuevo novio a la martita hasta las políticas que debe aplicar el estado en cuanto a sus relaciones internacionales. Si nos lo ponemos a pensar, en algún punto es pedante y hasta medio gracioso que todos nosotros, sin importar las experiencias previas o la educación que tengamos, sepamos de los más diversos temas sobre los cuales instruir a los que están a nuestro alrededor para mejorar todas sus decisiones.
Pero, en realidad, lo más loco de todo eso no es que siempre seamos los consejeros perfectos de todo lo que nos podamos imaginar. Sino que al llegar a nuestras propias vidas la situación cambia totalmente. Seanme sinceros muchachos, ¿quien está totalmente convencido de las decisiones que toma? ¿Alguien tiene en claro exactamente lo que tiene que hacer? Queda en ustedes responder.
Entonces uno se pone a pensar, ¿estarán estos dos hechos relacionados? ¿La falta de decisión en nuestras vidas tendrá que ver con el hecho de que sepamos lo que los demás tienen que hacer? Y lo que es aun más importante ¿por qué pasa? De todo esto y quizás de algunas cosas más, se tratara la siguiente conclusión sobre este tema que es tan actual como antiguo.
Ahora, pensándolo un poquito, la explicación de todo este tema nos puede resultar bastante obvia. Todos los que pensamos que podemos resolver problemas ajenos los miramos desde afuera, tenemos una visión bastante general y superficial de las cosas lo que hace que solucionar algo sea tan sencillo como decir la obviedad más grande que se nos pueda ocurrir, total no vemos nunca la infinita complejidad interna del problema.
Pero esto, mis queridos y fieles lectores, nos lleva a otra pregunta. ¿Es realmente complicado resolver los problemas, o nosotros nos generamos un mambo totalmente innecesario en nuestro constante esfuerzo por complicar lo que podrían ser unas vidas más que sencillas? Y la respuesta que me doy a mi mismo es tan ambigua como las declaraciones de algunos políticos últimamente, si y no.
Los problemas nunca son difíciles de resolver si los miramos desde la generalidad, pero son tremendamente complicados cuando nos metemos en el tema. Es como cuando te gusta una mina (no podía faltar el ejemplo del levante) y tenés que decidirte a hablarle o no. Sabés que la solución obvia es ir a hablarle, pero ahí entran a jugar otros factores que te hacen dudar, ¿y si me rechaza? Si me quedo acá no va a pasar nada, pero tampoco voy a sufrir el rechazo. Ya quizás la decisión no parece tan sencilla porque vemos los pro y los contra de la situación, que es lo que realmente hace más difícil resolver un problema.
Pero, lo que es importante acá, no es ni quedarse en las generalidades, ni ahogarse en un mar de detalles. Es importante y también infinitamente difícil, buscar un equilibrio entre estas dos cosas. Y ahí es cuando nos puede ayudar la visión de los de afuera, porque ellos, por su mera ubicación, lo ven de afuera. Esto nos da un panorama más amplio de las cosas y juntando su visión con la nuestra, nos es más fácil encontrar la solución.
Así que para ir cerrando este artículo, la idea es que aprendamos a escuchar más, tanto a los demás como a nosotros mismos y ahí tomar decisiones con todos los puntos de vista estudiados. La verdad que esto hay que tenerlo muy en cuenta siempre, porque de la otra manera es como ir por un camino de ripio con el parabrisas todo rajado.
Esto nos pasa a todos, desde el que se para atrás del que hace el asado para decirle que hacer, hasta acompañante que le dice al conductor todo lo que hace mal. Todos sabemos que es lo que los demás tienen que hacer, ya sea sobre si le conviene o no el nuevo novio a la martita hasta las políticas que debe aplicar el estado en cuanto a sus relaciones internacionales. Si nos lo ponemos a pensar, en algún punto es pedante y hasta medio gracioso que todos nosotros, sin importar las experiencias previas o la educación que tengamos, sepamos de los más diversos temas sobre los cuales instruir a los que están a nuestro alrededor para mejorar todas sus decisiones.
Pero, en realidad, lo más loco de todo eso no es que siempre seamos los consejeros perfectos de todo lo que nos podamos imaginar. Sino que al llegar a nuestras propias vidas la situación cambia totalmente. Seanme sinceros muchachos, ¿quien está totalmente convencido de las decisiones que toma? ¿Alguien tiene en claro exactamente lo que tiene que hacer? Queda en ustedes responder.
Entonces uno se pone a pensar, ¿estarán estos dos hechos relacionados? ¿La falta de decisión en nuestras vidas tendrá que ver con el hecho de que sepamos lo que los demás tienen que hacer? Y lo que es aun más importante ¿por qué pasa? De todo esto y quizás de algunas cosas más, se tratara la siguiente conclusión sobre este tema que es tan actual como antiguo.
Ahora, pensándolo un poquito, la explicación de todo este tema nos puede resultar bastante obvia. Todos los que pensamos que podemos resolver problemas ajenos los miramos desde afuera, tenemos una visión bastante general y superficial de las cosas lo que hace que solucionar algo sea tan sencillo como decir la obviedad más grande que se nos pueda ocurrir, total no vemos nunca la infinita complejidad interna del problema.
Pero esto, mis queridos y fieles lectores, nos lleva a otra pregunta. ¿Es realmente complicado resolver los problemas, o nosotros nos generamos un mambo totalmente innecesario en nuestro constante esfuerzo por complicar lo que podrían ser unas vidas más que sencillas? Y la respuesta que me doy a mi mismo es tan ambigua como las declaraciones de algunos políticos últimamente, si y no.
Los problemas nunca son difíciles de resolver si los miramos desde la generalidad, pero son tremendamente complicados cuando nos metemos en el tema. Es como cuando te gusta una mina (no podía faltar el ejemplo del levante) y tenés que decidirte a hablarle o no. Sabés que la solución obvia es ir a hablarle, pero ahí entran a jugar otros factores que te hacen dudar, ¿y si me rechaza? Si me quedo acá no va a pasar nada, pero tampoco voy a sufrir el rechazo. Ya quizás la decisión no parece tan sencilla porque vemos los pro y los contra de la situación, que es lo que realmente hace más difícil resolver un problema.
Pero, lo que es importante acá, no es ni quedarse en las generalidades, ni ahogarse en un mar de detalles. Es importante y también infinitamente difícil, buscar un equilibrio entre estas dos cosas. Y ahí es cuando nos puede ayudar la visión de los de afuera, porque ellos, por su mera ubicación, lo ven de afuera. Esto nos da un panorama más amplio de las cosas y juntando su visión con la nuestra, nos es más fácil encontrar la solución.
Así que para ir cerrando este artículo, la idea es que aprendamos a escuchar más, tanto a los demás como a nosotros mismos y ahí tomar decisiones con todos los puntos de vista estudiados. La verdad que esto hay que tenerlo muy en cuenta siempre, porque de la otra manera es como ir por un camino de ripio con el parabrisas todo rajado.
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