miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Viaje - de Roberto Condano


Como notarán por el título, este cuento no lo escribí yo sino que es de mi viejo. Lo descubrí revisando unos papeles y quise publicárselo ya que mi papá se fue mucho antes de que el internet se convirtiera en lo que es ahora. Estimo que si lo hubiera hecho seguramente hubiera publicado este cuento en algún lado así que me tomé el atrevimiento de hacerlo por él y compartirlo con todos en vez de que quede olvidado en un cajón. No toque ni una palabra, solamente le puse un título que me pareció apropiado porque no lo tenía. Espero que lo disfruten tanto como yo.


EL VIAJE


El cielo estaba limpio y estrellado, la ciudad ya dormía, el hombre se acomodó en el asiento de ese auto, dispuesto a iniciar el viaje.

Mientras acariciaba el volante con la izquierda, su mano derecha se disponía a tocar el arranque. La calle iluminada y vacía, le invitaba a divagar con su mente, era tan lindo ese paisaje que se veía desde la ruta, mucho campo, en poco tiempo despuntaría el sol. Se acomodó en su asiento y sonrió, pensando en la proximidad de ese espectáculo hermoso, miro hacia el costado, su mujer dormía al igual que sus hijos, en el asiento trasero. Pensó también en los días de tranquilidad de sus vacaciones, el encuentro con familiares, con viejos amigos, y en esos momentos nostalgiosos que inevitablemente viviría, al recorrer las calles de pueblo, pisando las mismas veredas que habían pisado sus padres y sus abuelos. Ya el sol despuntaba por el este, por el pueblo donde pasaba en ese momento, se veía el carro del lechero y algún que otro parroquiano, abriendo las puertas de su negocio.


Al dejar el poblado, ya se veía claramente el paisaje de serranía al cual se estaba acercando. Su familia continuaba dormida, decidió entonces poner la radio justo en el momento del encendido, sonó pip el horario, miró su reloj. Eran las siete de la mañana de aquel quince de enero, se acomodó raudamente, abrió la puerta del auto, salió, y corrió a cambiarse ya terminando su turno de sereno en la agencia de autos. Además, a las dos de la tarde, partía con su familia de vacaciones hacia Córdoba,…en ómnibus.


ROBERTO ANGEL CONDANO
29/5/86

viernes, 26 de diciembre de 2014

LA CERCANIA DE LO INALCANZABLE


Me imagino que no muchos de ustedes están familiarizados con la persecución de la excelencia que ha atormentado a los grandes artistas de la historia, pero quizás si tengan más presente haber desviado la mirada del camino para ver esos inmensos carteles de chicas semi-desnudas vendiendo ropa interior donde lo que menos se destaca es la ropa. O alguna vez han girado el cogote mientras estaban caminando hacia un puesto de diarios al costado del camino para ver las provocativas tapas de las revistas para hombres y no tan para hombres donde una actriz/modelo aparece en una posición sexy pero bastante incómoda, generalmente acompañada por un título como: "Me separe y es el peor momento de mi vida" o "A mí lo único que me interesa es el arte". O, ustedes chicas, seguramente han apoyado la ñata contra el vidrio en un local que vende joyas o diamantes con la tierna esperanza de que alguien las vea y por compasión les compre una diana de un cuarto de millón de dólares.


Podríamos enumerar ejemplos como estos por horas, bueno quizás media hora, porque se repiten todo el tiempo en nuestra vida cotidiana. Especialmente en las grandes ciudades estamos rodeados de objetos inalcanzables como modelos, autos de lujo, joyas, casas impresionantes, un sueldo que alcance y siguen los ejemplos. Alguno podría pensar que este razonamiento se basa en la envidia o la angustia por un fracaso personal pero hay una suerte de maquiavélico plan detrás del que todos somos partes y creo que al menos debemos desenmascararlo.


Desde el principio de los tiempos la humanidad presenció desigualdades muy notorias entre los que más tienen y los que no tienen nada, con el pasar de los años, en algunos lugares del mundo, la brecha se fue haciendo más corta aunque a nivel global lo que aumentó es el nivel de conocimiento que tienen los que están abajo de la vida que llevan los que están arriba. Esto obviamente genera un resquemor y una tirantez entre las clases sociales que en muchos casos desencadeno odio y en algunos casos violencia extrema. Esto lo conocemos todos, pero lo que llama la atención es que lejos de tratar de evitarse, especialmente en los últimos años, se incentiva más y más.


Y aquí es donde empieza el plan macabro y la conspiración que implica extraterrestres, fuerzas sobrenaturales y la explicación de la construcción de las pirámides. Esta marcada diferenciación entre los que tienen la belleza, el dinero, el poder y la felicidad frente a la gente común que se levanta, viaja incómodamente a un empleo del que se queja constantemente y aspira a llegar a fin de mes es mantenida a través de una maquinaria millonaria que no duda en gastar en todos los medios posibles para que nadie pueda escapar a verla y, lo que es más importante, a recibir el mensaje que para algún ingenuo puede llegar a ser "Compra esto" o " Mirá aquello" pero que en realidad están diciendo "Vos no sos esté" o "no vas a llegar a conseguir aquello".


Esto es viejo como la publicidad donde para venderte algo, o todo, necesitamos que el otro sienta que lo necesita para acercarse más a la gente que admira, pertenecer a un grupo o simplemente no quedar afuera de nada. Lo que nos esclaviza en ese laburo que tanto odiamos para llegar a alcanzar el nivel de vida que tiene un afiche o poder tener guardadito en casa lo que nos quedamos viendo largo tiempo en una vidriera. Pero estos modos se van actualizando y van cambiando para evitar los anticuerpos que la misma gente genera para protegerse.


Hoy en día internet, que es a esta altura prácticamente un movimiento que se supone permite la igualdad y la democratización de la información también juega a favor de esto, desde un punto bastante más enroscado internet nos da la falsa sensación de cercanía: con nuestros ídolos, con nuestros sueños, con la información. Conocemos muy esponsoreados casos de gente que gracias a internet hizo fortunas con una gran idea o que se hizo íntimo amigo de su estrella favorita.


No dudo que esos casos existan pero terminan funcionando de la misma manera que la publicidad y nos terminan invitando a que repitamos la experiencia. Si hacemos exactamente lo mismo que esta gente llegaremos al mismo resultado y aquí está el problema. Esta interpretación es la que muchas veces nos condena a seguir los pasos de otro para llegar a un resultado ambiguo, el "éxito". Y seguir un camino que no es propio para buscar eso es, a mí criterio, un error y la razón por la que este tipo de proyectos no tienen precisamente “éxito”.


Porque si queremos tomar estos ejemplos, lo más valorable de ellos es que sus protagonistas siempre crearon sus propias herramientas para llegar a alcanzar sus deseos que no eran el éxito en sí, obviamente que eso vino como consecuencia y seguramente festejaron después de haber ganado el primer millón de lo que sea, pero su motor fue la búsqueda de una realización personal concretando una idea propia.


Esto puede parecer obvio para algunos pero quizás no tanto para otros. No digo que la publicidad o conocer casos de gente que con una idea creó una corporación esté mal, sino que hay que saber cómo tomarlos, no como un paso a paso para alcanzar el "éxito" (sea lo que sea eso) sino como un ejemplo de que a veces, pese a lo que digan los demás, si uno es fiel a sí mismo, a sus ideas y sabe adaptarse a los baches del camino, las cosas pueden cambiar y salir, aunque sea por una vez, para nuestro lado.


No nos dejemos confundir por la proximidad de estos carteles gigantescos o de esos famosos que están a un tweet de distancia, no nos dejemos encandilar por esas luces de neón o por ese lenguaje coloquial. Sepamos que en realidad todos ellos y lo que representan están a un "camino" de distancia.

sábado, 17 de agosto de 2013

¿Cuánto vale el dinero?


¿Alguna vez te preguntaste cuánto tiempo gastamos pensando en la plata?¿Cuánto vale ese tiempo?¿Se mide también en dinero? Pero esa pregunta sin respuesta me lleva a otra quizás más abarcativa ¿Cuánto vale el dinero?

La respuesta inmediata sería tiempo que, a menos que seas el heredero de Rockefeler, vivas de tus padres, o te hayas ganado el Quini, es lo que le ofreces a tu empleador a cambio de un papelito (o preferentemente un grupo de ellos) impreso que la sociedad acordó que se puede cambiar por bienes y servicios. Lógicamente nadie va a ir con una vaca en el bolsillo para cambiar su leche por un pan o un auto deportivo (asumiendo que la vaca de mucha leche) por lo que no está mal el sistema pero a veces le damos más valor al dinero del que debería tener.

Esto no es nuevo y ya se habló mucho sobre este tema de forma literal o metafórica, pero noto que últimamente la gente en general se está dando cuenta que todo este sistema no es tan absoluto como se suponía, al menos en esta parte del mundo y como sabemos el cuestionamiento a un sistema es el primer paso para comenzar con la transición a un sistema nuevo.

No digo que ya empecemos a quemar los billetes para darnos calor, este proceso va a llevar un tiempo largo me atrevo a vaticinar, pero un comienzo es un comienzo, en principio bastante alentador. También me atrevo a decir (total escribir es gratis y ni siquiera pongo mi apellido en esto)que todo esto se genera o al menos se acelerará a partir de internet. Parece una obviedad pero hace unos años era impensado tener todos los conocimientos del mundo tan al alcance y es casi imposible que ese cambio estructural de la cultura no afecte de forma drástica a todo lo demás.La historia nos mostró muchas veces que con mayor conocimiento todo se vuelve cuestionable tarde o temprano.

¿Por qué alguien tiene que tener más oportunidades que otro, o un mejor nivel de vida simplemente por haber heredado una posición en la sociedad, mejores contactos, mejor educación o simplemente una suma importante de dinero? Es raro que saber más sólo te lleve a tener más preguntas pero es cierto. A lo largo del tiempo la humanidad fue generando una cantidad incontable de conocimientos impulsados por responder una pregunta que aun no tiene respuesta:¿Por qué estamos aquí? Yo le sumaría otra pregunta quizás más importante todavía: ¿Por qué tiene que haber un motivo?

Para ir concluyendo, si se puede sacar algo en claro de todo esto que se hizo más amplio de lo que hubiera querido posiblemente por el uso excesivo de estos comentarios entre coma y coma, es que podríamos detenernos un instante y considerar que no todo es tan absoluto y eterno como nos imaginamos, ni nuestras vidas, ni este sistema ni siquiera los papeles con retratos y números que tenemos en el bolsillo. Y basándonos en eso podríamos restarle tanta importancia a las cosas y a las personas,que tanto más se creen que nosotros, y vivir disfrutando nuestro bien más preciado, la vida obviamente, de la mejor y más intensa manera posible. Incluso hasta me atrevería a decir, a riesgo que me cataloguen de comunista, que para lograr eso en la mayoría de los casos, para no decir todos, no necesitamos tantos de esos arrugados papelitos con gente muerta dibujada que anda a saber por cuantas manos han pasado.

martes, 23 de julio de 2013

martes, 29 de enero de 2013

CONTRATO SOCIAL Y COLECTIVO DE LA PLAYA Y LUGARES CON PILETA


Las mujeres están autorizadas a usar prendas que cubran la misma porción del cuerpo o inferior al de la ropa interior pero sin que sea considera una actitud inmoral.

Los hombres casados o en pareja pueden mirar culos y tetas hasta por periodo no mayor a 5 segundos (siempre y cuando no sean demasiado evidentes) sin experimentar reprimenda alguna por parte de sus parejas, de todas maneras para mantener las apariencias es recomendable el uso de antejos de sol para dichas prácticas.

Una lona, sombrilla, toalla o silla plegable es suficiente para reclamar propiedad sobre el total de la superficie que se encuentra debajo y hasta donde se proyecte su sombra.

Una toalla colocada sobre los objetos de valor o esconder la billetera dentro de las zapatillas garantizar la seguridad de sus bienes de valor mientras esté en el agua ya que invisibilidad los mismos y posibilita que pasen inadvertidos para los malvivientes.

Si un chico se pierde, aun cuando no tenga aspiraciones artísticas o esté estudiando en el conservatorio, aplauda y logre que la mayor cantidad de gente haga lo mismo para que este aparezca. No intente bajo ningún aspecto llamarlo gritando su nombre.

No importa cuán fría esté el agua, es obligatorio para cualquier veraneante meterse en el mar al menos una vez por temporada, sino la vacación no será contabilizada como válida.

La relación entre el protector solar y el peso de su hijo será de un litro por kilo si su hijo es menor a tres años.

Queda prohibido realizar cualquier tipo de actividad deportiva en la arena con la excepción de que la cancha esté correctamente delimitada con una raqueta o ramita en la misma, en cuyo caso cualquier persona que pase dentro del área delimitada será considerado un intruso y recibirá como castigo un pelotazo o raquetazo dependiendo de la naturaleza del deporte.

Se podrá escuchar música a todo volumen siempre y cuando este provenga del ámbito popular, léase cumbianchero o reguetonero, quedando terminantemente prohibido géneros musicales tales como el tango, el folclore, el pop británico y el rock pesado exceptuando el producido desde el año 2000 hasta la fecha.

Queda terminantemente prohibido refrigerar cualquier alimento que se venda en la playa a excepción de los helados y las bebidas, lo que incluye churros, bolas de fraile y marquillos con dulce de leche. Es recomendable que el vendedor debe pasearlos bajo el sol durante el mayor tiempo posible.

Queda habilitada la venta de ropa y bijouterie siempre y cuando sea de inferior calidad al que pueda encontrarse afuera y debe romperse o deshilacharse ni bien el turista vuelva a su lugar de origen.

Cada balneario deberá tener entre uno o dos guardavidas cuya función principal será la de mostrar sus dotes físicos para hacer quedar mal a los hombre que vayan con sus parejas.

Los baños, ya sea públicos o pertenecientes al balneario, deberán tener en todo momento del día los pisos mojados con líquidos de dudosa procedencia para desventurar a los que no lleven ojotas puestas.

La persona que entierre a otra en la arena deberá también exagerar con la misma sus partes íntimas para aprovechar la escasa posibilidad que una muchacha o muchacha, de acuerdo a la preferencia del enterrado, de agradable apariencia y excesiva ingenuidad esté deambulando por allí en ese momento.

Se limitara a los niños menores a doce años a construir solamente castillos medievales en la arena, la tarea de realizar construcciones modernas similares a cajas de zapatos con ventanas que se encuentran fuera del predio playero será de plena exclusividad de los arquitectos recibidos en la facultad o en su defecto de los maestros mayores de obra si los recursos no son suficientes.

domingo, 27 de enero de 2013

martes, 19 de junio de 2012

Genérico


A veces me pregunto por qué uno añora tanto a la infancia. Seguramente hay muchas respuestas para esto, pero la que más me convence a mí es por su simpleza. Todo tenía un nombre concreto y claro, casi obvio, como un genérico. Por ejemplo el periodo de nueve meses donde íbamos a clases no tenía otro nombre que “Las clases”, una denominación tan monótona y aburrida que no podía calzarle mejor. En cambio, el resto del año tenía un nombre alegre y colorido, bien a tono con el sol y la música que vestía esos meses de diversión, que mejor nombre para resumir todo eso que “El verano”.

“El verano” era el mejor albergue para la felicidad de la infancia, porque era todo lo contrario a lo complicado de “Las clases” con sus nombres y sus fechas exactas. En esta época todo era genérico y único. Bastaba con decir que ibas “a jugar a la pelota”, para que tu vieja supiera dónde estabas y si preguntaba con quien ibas la respuesta era “con los pibes” y eso bastaba para que ella se quedara tan tranquila como si tuviera en su poder las fotocopias del DNI de cada uno de ellos. Y claro que en ese afán de simplificar y unificar todo necesitábamos un lugar que pueda conjugar la diversión de los juegos, con la libertad de estar lejos del control de nuestros padres y la emoción de la aventura. Y ese lugar era “El club”.

“El club” era casi como de otro tiempo, estaba a tres cuadras de mi casa y al parecer había pertenecido a los ferroviarios o seguía perteneciéndoles, a nadie le importaba. Lo único que interesaba es que era el aguantadero perfecto para sacarle jugo a esos meses de diversión.

Ni bien entrabas veías una enorme y antigua casa a la que nadie podía entrar, cuyo objetivo parecía ser amedrentar a cualquier nuevo visitante que haya pensado ingresar. Porque claramente, “El club” era para los que lo conocían y lo disfrutaban, no parecía interesarle los nuevos miembros ya desde su estructura, ya que su pileta, su canchita de futbol 5, el bar y la cancha de once parecían ocultarse tras ese viejo caserón como si fueran pollitos mojados protegiéndose atrás de un hermanito mayor con cara de pocos amigos.

Esta especie de secta barrial, a la que uno pertenecía simplemente por conocer el lugar y tener un arrugado carnet escrito a mano, no hacía más que agregarle misticismo a algo que casi lo destilaba. Su antiguo aljibe, su enorme arboleda y la lejanía con la calle y el sonido de los autos eran detalles que no pasaban inadvertidos y te hacían pensar que al cruzar esa puerta de entrada escondida habías vuelto el tiempo atrás a una época más simple y desestresada en donde de alguna inexplicable manera ese lugar había quedado varado. Imposible encontrar un mejor marco para pasar “El verano”.

Los días pasaban indistinguiblemente y con una rutina casi calcada. Lo primero era encontrarse con los amigos y armar el rústico campamento donde revoleábamos los bolsos y las remeras para refrescarnos en la pileta. Luego de alguna que otra mancha y varias carreras venia la merienda con su obligado partidito de metegol, que era la previa para el partido de futbol que venía después. Ya cuando el sol parecía un poco más complaciente. Después un nuevo chapuzón seguido de una ducha y ya a las ocho de la noche había que irse a casa, pasar un rato con los viejos, comer y a dormir para volver al día siguiente.

Poco nos molestaba la rutina pero la vida está llena de rutinas que por una u otra razón se terminan cortando. Y así fue, todo cambió cuando una de esas perfectas tardes de verano ví en la pileta a “Esa chica”, no sabía su nombre y eso me mataba. Era perfecta, aunque con los años mi idea de perfección femenina se fue alterando. No guardo en mi mente una imagen completa de ella, si pequeños pedacitos: su sonrisa, su mirada, las pequitas en sus cachetes, el pelo tapándole una parte de la frente, algo que ella odiaba porque constantemente se lo acomodaba.

No puedo explicar por qué me gustaba exactamente, como creo que nadie puede cuando está realmente enamorado, pero me gusta tanto que se me hacía imposible poder hablarle sin derretirme en el proceso. Ella me hizo descubrir el amor sin saber que yo existía. Ese amor que se basa en la obsesión por estar con alguien, en esos pensamientos que asechan tu cabeza y que te persiguen hasta que te duele el estómago. Ese amor puro, que sólo puede ser el primero, sin manchas de rencores o de malos recuerdos. Ese amor que me estaba comiendo por dentro.
No me podía dormir, comer, pensar, no me podía concentrar en nada que no fuera ella. Claro que la concentración que necesitaba en ese entonces no iba a alterar más que a mis pobres compañeros de equipo de las tardes que sufrían mis despistes en cada partido.

No podía seguir así, este suplicio eterno tenía que terminar, tenía que saber su nombre. No se me ocurrió mejor forma de averiguarlo que hablar con alguna de sus amigas, claro que a los doce años el sexo opuesto parece ser tu enemigo mortal, después de esa edad… se vuelve un enemigo aun más complejo. Pero mi objetivo era claro, probé preguntándole a una chica que cada tarde se sentaba a vernos jugar a la pelota. No había tiempo que perder, sin decir hola siquiera le pregunté el nombre de aquella chica de cara pecosa y pelo lacio largo, ella lo pensó un momento y accedió a decírmelo si la dejaba jugar en mi equipo. Yo estaba tan desesperado por saber que accedí, no hizo falta mucho para convencer a mis amigos de cambiarme por ella, la verdad es que mi rendimiento futbolístico había decaído mucho y no podían imaginar a nadie, ni hombre ni mujer, que pudiera jugar peor que yo, así que sin mayor preámbulo se realizó el cambio.

No presté ni la más mínima atención al partido, aunque noté que los gritos de mis amigos disminuyeron bastante así que la chica no podía estar jugando tan mal, pero lo único que ocupaba mi cabeza era la idea que después de que el partido termine iba a saber el nombre de mi amada. Quizás hoy en día uno siente que eso no significaba nada, pero a esa edad era difícil de imaginar mayor misterio por descubrir.
El partido terminó, sabe Dios con que resultado, y la chica se me acerco y me dijo ¬—Camila —, segundos después todos fueron hacia la pileta con el resto de los chicos, creo que incluso me llamaron para que los acompañara, pero no podía hacer otra cosa que pensar en ella y en su hermoso nombre. Tanto es así que sin darme cuenta se hizo de noche y debía volver a mi casa.

Al llegar a la puerta del club veo una sombra tras mis pasos que recién logré distinguir cuando uno de los viejos faroles que iluminaba el camino empedrado hacia la reja dejó de parpadear. Era “ella”, por algún capricho del destino se había quedado hasta tarde también. Los nervios no me dejaron hacer nada más que caminar hacia la calle y volver a mi casa, al pasar un par de casas me di vuelta y ví que ella caminaba en la dirección opuesta. En ese segundo el valor que no creía tener se apoderó de mí y le grité —¡Chau Camila! —. A lo que ella no respondió, siguió caminando como si nada hubiera pasado. No podía creerlo, no merecía ni un simple gesto, ni una mirada, quedé devastado.

Con gran esfuerzo volví al club al día siguiente, no iba a dejar que eso arruine mi verano, pero esa tarde descubrí que ya lo había hecho. A todos lados donde iba estaba ella, no podía ir a la pileta, ni al bar, la canchita de futbol era mi único refugio, aunque ni siquiera podía jugar, porque parecía que mis amigos estaban tan contentos con la nueva incorporación femenina que yo quedé relegado al banco. Después del partido la nueva jugadora parecía haber notado mi depresión y se acercó a preguntarme que me pasaba, le conté lo sucedido y ella, notablemente apurada por tirarse a la pileta, me dijo que no me preocupara, que no todo es lo que parece. Yo lo tomé como un consuelo de compromiso, hubiera dado cualquier cosa por estar en su lugar disfrutando del agua y de los amigos, pero no quería volver a ver a Camila, sentía que esa cautivante sonrisa y esa tierna mirada iban a destrozarme el corazón si volvía a verlas. Quizás la mejor opción era atesorarlas en el recuerdo donde no podían volver a lastimarme.

No tenía mucho sentido quedarme ya que me había auto-vedado la mayoría de las instalaciones del club, así que decidí volver a mi casa previa parada técnica en el barcito para comprar un helado de crema cubierto de chocolate que siempre me animaba, la hora de la merienda había pasado así que no había peligro de cruzarme con ella, claro que eso traía sus consecuencias, una de ellas que los helados se hayan acabado. No me sorprendió para nada, cuando estas de mala suerte todo conspira en tu contra, ni siquiera me hubiera extrañado que un satélite ruso en desuso me cayera en la cabeza al salir del local.

Sumido en mi depresión y sin prestarle atención a nada llegué a la puerta con el triste consuelo de que no había nada peor que podía sucederme ese día, sólo para enterarme de que si la había y era la que me estaba esperando en la puerta. Justo allí en la salida estaba “ella” sentada comiendo un helado, esperando para humillarme sin siquiera saberlo. Pero no era momento para la cobardía porque escaparle a una chica lastimaba mucho mi orgullo masculino. Así que hice lo que tenía que hacer, me armé de valor y caminé algo apresurado hacia adelante para atravesar la puerta y dejar todo eso atrás. Me sentía raro al caminar, poco registraba lo que sucedía a mi alrededor hasta que ya pasando la puerta su voz me despertó, —¿Querés? —me preguntó. En una reacción refleja me di vuelta y ví que me estaba ofreciendo su helado, en un atisbo de lucidez asentí con la cabeza y muy tímidamente me acerque y le di un buen mordiscón. —Gracias Camila —me atreví a decir y un —No me llamo Camila —hizo que en mi cara se dibujara una sonrisa rellena de crema.

Ese día fue cuando más tarde me fui del club, hablamos de todo por no recuerdo cuanto. Hasta me dijo su verdadero nombre, el que luego de unos años lamenté no recordar. Aunque con el tiempo me di cuenta que no importaba, porque la razón por la que uno recuerda siempre el primer amor es esa simpleza y ese carácter genérico que lo reviste.

El “primer amor” no tiene ese nombre hasta el recuerdo, en un primer momento es sólo “el amor”. Tan frágil y puro que es únicamente capaz de sobrevivir en los recuerdos, donde se mezcla con el momento, la juventud, la nostalgia y por sobre todo en este caso, el lugar donde se encontró. Esa conjunción se transforma en algo tan mágico como irrepetible, un genérico, una síntesis perfecta de esa felicidad utópica que recordamos alguna vez haber tenido y pasamos la vida tratando de volver a encontrar.