Nos critica, nos insulta, nos ratonean, nos histeriquean, nos confunden, nos distraen, nos excitan, no nos dejan pensar, nos taladran el cerebro, nos interrumpen, nos exigen, nos hacen hacer cosas que nunca haríamos si no fuera por ellas. Pero aun así, que horrible sería la vida sin ustedes.
Muy Feliz Día de la mujer y gracias por ser como son.
domingo, 9 de marzo de 2008
jueves, 28 de febrero de 2008
Políticamente incorrecto
Vieron cuando los políticos dicen “no voy a hacer comentarios sobre ese tema” o cuando dicen lo que todos quieren escuchar aunque después hagan diametralmente lo opuesto, bueno, eso es se llama hacer lo políticamente correcto. Claro que, más allá del nombre, este tema no se limita solamente a los políticos y nuestra vida muchas veces se ve invadida por este tipo de cuestiones. Esto sucede especialmente cuando los hombres intentan levantarse alguna chica y dicen cosas que realmente no piensan o que creen que van a lograr seducirlas.
A mi mucho no me gusta este tipo de falsedades y como toda mi vida desarrollé dos grandes adicciones que son: hacer lo contrario a lo que hace la mayoría y boicotear toda posibilidad de agradarle a las chicas. Decidí publicar está conclusión que habla de lo que comúnmente se evita hablar.
“Tengo muchas cosas en la cabeza”, “realmente en este momento de mi vida tengo otras prioridades”, o la vieja y conocida “no sos vos, soy yo”. Todas esas frases pueden ser utilizadas por las mujeres con un montón de propósitos que obviamente no son los que se leen a primera vista. Puede ser que no vean un futuro con su pareja, o no sientan lo mismo que antes o que sencillamente no se sientan respetadas por sus parejas. Pero en el caso de los hombres hay una única razón para cortar una relación, pensamos que podemos tener algo mejor.
Sobre esto queridos amigos, porque esta conclusión creo que sólo va a interesarle a los hombres, es la conclusión de hoy. Sobre todo eso que pensamos los hombres sobre nuestras parejas pero nunca decimos ni hablamos de ello con otras personas que no sean hombres de nuestro circulo porque no sería políticamente incorrecto. Muy lejos de esas falsas creencias que imponen las mujeres, como el amor y las almas gemelas, los hombres tenemos otros criterios a la hora de analizar nuestras posibles presas, o como se les dice comúnmente “mujeres”.
Pero tampoco voy a estereotipar a los hombres (entre los cuales me incluyo) como seres que no tienen ningún sentimiento y en lo único que piensan es en coger. Eso no es verdad tenemos sentimientos (la parte de coger es cierta) el problema es que la mayor parte del tiempo le gana la razón al sentimiento. El hombre por naturaleza es un ser práctico, que evalúa cada instancia de su existencia. Y es de ahí de donde sale la mayor virtud y el mayor defecto del hombre al mismo tiempo, la auto superación constante.
Porque más allá de que se nos considere vagos, nuestra meta constante es mejorar y conseguir superar a los demás, claro que muchos nos quedamos en la idea y no la llevamos a la práctica. Para ejemplificar esto voy a utilizar uno de los ejemplos más utilizados en estás conclusiones y que para el caso viene como anillo al dedo, el típico y nunca bien ponderado ejemplo de minas: Cuando no tenés a nadie cualquiera es valida, desde la más gorda hasta la más flaca. Desde la más linda hasta la que es más parecida al retrato de Lenin en sus últimos días. Y obviamente, al ser seres que priorizamos la practicidad ante todo, usamos una escala de mayor a menor, primero vamos con las mas lindas, después con las lindas, después con las simpáticas y cuando ya no tenemos más chances con las amigas feas de las simpáticas (que aparte de ser muy feas son un embole).
Aun así, como dicen las señoras que convivieron con los próceres, siempre hay un roto para un descocido y algo siempre conseguís, por menos lindo o simpático que sea. Salís un tiempo, todo anda bien, pero que pasa, aparece otra mina un poco más respetable que te tira onda. ¿Y que vas a hacer en ese caso?, ¿quedarte con la chica que parece que tiene puesta la mascara de Frankenstein o ir con esta nueva conquista? Como asumo que a esta altura las pocas chicas que empezaron a leer pensando que esto iba a dar un giro desistieron y los que quedaron son todos hombres ni me voy a molestar en dar la respuesta. Y ahí es cuando vienen las fatídicas frases del principio.
Pero, el hombre no se queda ahí, puede parece que sus instintos de cacería se achanchan a medida que su panza de cerveza crece, pero no es así. Siempre estamos agazapados esperando que algo pique, claro que a veces la carnada no es demasiado tentadora. Pero todos sabemos que si aparece la oportunidad saltamos a agarrarla sin dudar. O, ¿por qué se piensan que esos cuarentones salen con colegialas de 15?, ¿se creen que no saben lo ridículos que parecen con esa ropa moderna, los autos descapotables y ni hablar del implante capilar. Pero hacen todo esto porque saben que lo otro es peor, que si no toman esa chance, todos los hombres se van a reír secretamente de ellos por no respetar los designios de la especie.
Aun así muchachas (si es que queda alguna, aunque creo que a esta altura ya todas borraron la página de los favoritos) esto es una etapa en la vida del hombre, claro que en todos varía a que edad termina, puede ser a los 18 o a los 50 (o quizás nunca termine). Pero, más allá de estas pequeñas cositas todos sabemos que lo que hace al amor tan especial es todo lo que nos cuesta encontrarlo.
A mi mucho no me gusta este tipo de falsedades y como toda mi vida desarrollé dos grandes adicciones que son: hacer lo contrario a lo que hace la mayoría y boicotear toda posibilidad de agradarle a las chicas. Decidí publicar está conclusión que habla de lo que comúnmente se evita hablar.
“Tengo muchas cosas en la cabeza”, “realmente en este momento de mi vida tengo otras prioridades”, o la vieja y conocida “no sos vos, soy yo”. Todas esas frases pueden ser utilizadas por las mujeres con un montón de propósitos que obviamente no son los que se leen a primera vista. Puede ser que no vean un futuro con su pareja, o no sientan lo mismo que antes o que sencillamente no se sientan respetadas por sus parejas. Pero en el caso de los hombres hay una única razón para cortar una relación, pensamos que podemos tener algo mejor.
Sobre esto queridos amigos, porque esta conclusión creo que sólo va a interesarle a los hombres, es la conclusión de hoy. Sobre todo eso que pensamos los hombres sobre nuestras parejas pero nunca decimos ni hablamos de ello con otras personas que no sean hombres de nuestro circulo porque no sería políticamente incorrecto. Muy lejos de esas falsas creencias que imponen las mujeres, como el amor y las almas gemelas, los hombres tenemos otros criterios a la hora de analizar nuestras posibles presas, o como se les dice comúnmente “mujeres”.
Pero tampoco voy a estereotipar a los hombres (entre los cuales me incluyo) como seres que no tienen ningún sentimiento y en lo único que piensan es en coger. Eso no es verdad tenemos sentimientos (la parte de coger es cierta) el problema es que la mayor parte del tiempo le gana la razón al sentimiento. El hombre por naturaleza es un ser práctico, que evalúa cada instancia de su existencia. Y es de ahí de donde sale la mayor virtud y el mayor defecto del hombre al mismo tiempo, la auto superación constante.
Porque más allá de que se nos considere vagos, nuestra meta constante es mejorar y conseguir superar a los demás, claro que muchos nos quedamos en la idea y no la llevamos a la práctica. Para ejemplificar esto voy a utilizar uno de los ejemplos más utilizados en estás conclusiones y que para el caso viene como anillo al dedo, el típico y nunca bien ponderado ejemplo de minas: Cuando no tenés a nadie cualquiera es valida, desde la más gorda hasta la más flaca. Desde la más linda hasta la que es más parecida al retrato de Lenin en sus últimos días. Y obviamente, al ser seres que priorizamos la practicidad ante todo, usamos una escala de mayor a menor, primero vamos con las mas lindas, después con las lindas, después con las simpáticas y cuando ya no tenemos más chances con las amigas feas de las simpáticas (que aparte de ser muy feas son un embole).
Aun así, como dicen las señoras que convivieron con los próceres, siempre hay un roto para un descocido y algo siempre conseguís, por menos lindo o simpático que sea. Salís un tiempo, todo anda bien, pero que pasa, aparece otra mina un poco más respetable que te tira onda. ¿Y que vas a hacer en ese caso?, ¿quedarte con la chica que parece que tiene puesta la mascara de Frankenstein o ir con esta nueva conquista? Como asumo que a esta altura las pocas chicas que empezaron a leer pensando que esto iba a dar un giro desistieron y los que quedaron son todos hombres ni me voy a molestar en dar la respuesta. Y ahí es cuando vienen las fatídicas frases del principio.
Pero, el hombre no se queda ahí, puede parece que sus instintos de cacería se achanchan a medida que su panza de cerveza crece, pero no es así. Siempre estamos agazapados esperando que algo pique, claro que a veces la carnada no es demasiado tentadora. Pero todos sabemos que si aparece la oportunidad saltamos a agarrarla sin dudar. O, ¿por qué se piensan que esos cuarentones salen con colegialas de 15?, ¿se creen que no saben lo ridículos que parecen con esa ropa moderna, los autos descapotables y ni hablar del implante capilar. Pero hacen todo esto porque saben que lo otro es peor, que si no toman esa chance, todos los hombres se van a reír secretamente de ellos por no respetar los designios de la especie.
Aun así muchachas (si es que queda alguna, aunque creo que a esta altura ya todas borraron la página de los favoritos) esto es una etapa en la vida del hombre, claro que en todos varía a que edad termina, puede ser a los 18 o a los 50 (o quizás nunca termine). Pero, más allá de estas pequeñas cositas todos sabemos que lo que hace al amor tan especial es todo lo que nos cuesta encontrarlo.
viernes, 15 de febrero de 2008
¿Querés agrandar tu combo?
-“Un combo uno por favor”,
-“¿Querés agrandar tu pedido por $1.50?”,
-“No”,
-“¿Qué gaseosa vas a querer?”
-“Eh……..coca”
-“¿con hielo o sin hielo?”
-“sin”
-¿Querés ketchup, mayonesa o mostaza?
-…
Este no es el texto de una nueva obra de teatro, sino que es un diálogo común que se puede encontrar en cualquier lugar de comidas rápidas. Pero, más allá de ser un speach guionado por algún irresponsable del área de marketing que vive en Estados Unidos y que seguro jamás comería ahí, es algo muy representativo de algo que nos está pasando ahora.
Siempre pensé que la razón por la que uno va a comer a este tipo de lugares no es porque sea un amante ferviente de las hamburguesas o porque no haya completado la colección de juguetes de la cajita feliz. Me parece que la principal causa por la que elegimos estos lugares es porque las decisiones son sencillas y rápidas. Sólo basta pararse frente a la caja mirando las fotos para elegir que vas a querer, claro que una vez ahí surge esta lluvia de preguntas a la que uno responde generalmente con monosílabos y sin pensarlo demasiado. Esta, más allá de ser una estrategia de macabra para que digas a todo que sí, es algo que nos pasa en la vida actual todo el tiempo. Ya lo decía esa famosa letra de Charly: “no se lo que quiero, pero lo quiero ya”.
Creo que esta mezcla entre la cantidad de opciones que tenemos y el tiempo acelerado en el que vivimos, dan como resultado que uno se pare ante la vida y mire las fotos publicitarias que poco tienen que ver con la realidad, para intentar tomar una decisión acelerada antes de que le toque el turno.
Píenselo, hoy en día tenemos muchísimas más opciones de las que tuvieron nuestros padres. Somos concientes de todo lo que podemos llegar a hacer y eso naturalmente nos confunde. Sería mucho más sencillo si sucediera lo que pasaba antes donde ya sabías desde el comienzo que ibas a la escuela y después te esperaba una vida en un trabajo que no te iba a gustar pero que iba a servir para mantener a la familia que si o si ibas a tener.
Es raro, pero al tener más libertades nos puede llegar a limitar. El hecho de conocer de antemano todas las posibilidades que tenemos en la vida, hace que nos cueste demasiado optar por un solo camino, porque sabemos que al elegir uno dejamos afuera todos los demás. Es por eso que buscamos las cosas rápidas, porque creemos que pasarán más pronto y no vamos a tener que pensar demasiado.
¿O se piensan que todos los que van a comer a lo del payasito no preferirían un buen bife con papas o un buen plato de pastas? No se engañen, no es tanto por el precio, es por la rapidez de la decisión. En un restaurante vos tenés un menú que tiene de 3 a 10 páginas, en cambio ahí hay una pizarra con algunas fotos llamativas. No puede ser tan difícil, ¿no?
Pero bueno mis queridos devoradores veloces, tengamos cuidado con esto de las decisiones rápidas. No solamente que por el sólo hecho de hacerlas estamos relegando la posibilidad de tener algo mucho mejor. Sino, porque los que te dejan elegir rápido saben muy bien que no te importa tanto lo que elegís, sino la rapidez con que lo hagas.
-“¿Querés agrandar tu pedido por $1.50?”,
-“No”,
-“¿Qué gaseosa vas a querer?”
-“Eh……..coca”
-“¿con hielo o sin hielo?”
-“sin”
-¿Querés ketchup, mayonesa o mostaza?
-…
Este no es el texto de una nueva obra de teatro, sino que es un diálogo común que se puede encontrar en cualquier lugar de comidas rápidas. Pero, más allá de ser un speach guionado por algún irresponsable del área de marketing que vive en Estados Unidos y que seguro jamás comería ahí, es algo muy representativo de algo que nos está pasando ahora.
Siempre pensé que la razón por la que uno va a comer a este tipo de lugares no es porque sea un amante ferviente de las hamburguesas o porque no haya completado la colección de juguetes de la cajita feliz. Me parece que la principal causa por la que elegimos estos lugares es porque las decisiones son sencillas y rápidas. Sólo basta pararse frente a la caja mirando las fotos para elegir que vas a querer, claro que una vez ahí surge esta lluvia de preguntas a la que uno responde generalmente con monosílabos y sin pensarlo demasiado. Esta, más allá de ser una estrategia de macabra para que digas a todo que sí, es algo que nos pasa en la vida actual todo el tiempo. Ya lo decía esa famosa letra de Charly: “no se lo que quiero, pero lo quiero ya”.
Creo que esta mezcla entre la cantidad de opciones que tenemos y el tiempo acelerado en el que vivimos, dan como resultado que uno se pare ante la vida y mire las fotos publicitarias que poco tienen que ver con la realidad, para intentar tomar una decisión acelerada antes de que le toque el turno.
Píenselo, hoy en día tenemos muchísimas más opciones de las que tuvieron nuestros padres. Somos concientes de todo lo que podemos llegar a hacer y eso naturalmente nos confunde. Sería mucho más sencillo si sucediera lo que pasaba antes donde ya sabías desde el comienzo que ibas a la escuela y después te esperaba una vida en un trabajo que no te iba a gustar pero que iba a servir para mantener a la familia que si o si ibas a tener.
Es raro, pero al tener más libertades nos puede llegar a limitar. El hecho de conocer de antemano todas las posibilidades que tenemos en la vida, hace que nos cueste demasiado optar por un solo camino, porque sabemos que al elegir uno dejamos afuera todos los demás. Es por eso que buscamos las cosas rápidas, porque creemos que pasarán más pronto y no vamos a tener que pensar demasiado.
¿O se piensan que todos los que van a comer a lo del payasito no preferirían un buen bife con papas o un buen plato de pastas? No se engañen, no es tanto por el precio, es por la rapidez de la decisión. En un restaurante vos tenés un menú que tiene de 3 a 10 páginas, en cambio ahí hay una pizarra con algunas fotos llamativas. No puede ser tan difícil, ¿no?
Pero bueno mis queridos devoradores veloces, tengamos cuidado con esto de las decisiones rápidas. No solamente que por el sólo hecho de hacerlas estamos relegando la posibilidad de tener algo mucho mejor. Sino, porque los que te dejan elegir rápido saben muy bien que no te importa tanto lo que elegís, sino la rapidez con que lo hagas.
jueves, 7 de febrero de 2008
¿Adónde vas?
El primer problema aparece al querer meter un ropero gigantesco en una pequeña valija, después está el tema de llegar hasta un lugar super alejado para ir a otro lugar muchísimo más alejado aún. Todo esto obviamente sazonado por la incomodidad del viaje, demoras de muchas cosas y no nos podemos olvidar de los infladísimos precios de todo lo que interviene en este asunto. Pero, aún después de esta tortura, miles de personas día a día viajan a los lugares más remotos del mundo simplemente por diversión. La pregunta obvia que surge de todo esto es: ¿por qué? ¿Cómo es que someterse a largas colas, precios excesivos y problemas inesperados pueden ser la mejor opción para que la gente se relaje en esas miserables vacaciones que te dan después de un año agitado? Pero no se preocupen mis queridos amigos, porque averiguaremos esto y mucho más en la conclusión que viene a continuación.
Para entender un poco más esto es fundamental aclarar algo. No importa cuan lejos vaya la gente, nunca están escapando de ningún lado. Sea conciente o inconscientemente la mayoría de las cosas que hacemos en nuestras vacaciones están pensadas para cuando volvamos a nuestro lugar de origen. Sacar fotos, comprar regalos para los amigos de acá o cosas para la casa. Son todas cosas que hacemos pensando en nuestra vida cotidiana, así que, salvo por esa camisa ridícula que te compras allá pero que preferirías salir desnudo que usar en casa, todo lo demás que haces es para tu vida cotidiana.
Pero entonces, ¿por qué nos vamos tan lejos para no escapar de ningún lado? Y acá está lo verdaderamente loco de esto. Lo que queremos probar inconscientemente cuando nos vamos a algún lado es cuan lejos podemos llegar a irnos para después volver a nuestra vida habitual. Es por eso que sacamos fotos nuestras en los lugares y se las mostramos a nuestros amigos, sólo para decirles: “ves, pude llegar hasta allá y volver siendo yo mismo. Cualquiera puede estar ahí habiendo nacido ahí, yo llegué habiendo nacido acá”. Y ese es el verdadero logro en este tipo de situaciones, porque no es cuestión de cambiar o adaptarse a un lugar nuevo, es todo lo contrario. Lo fundamental es llegar lo más lejos posible y volver siendo el mismo. Lo que cambia radicalmente es el lugar, la persona sigue siendo la misma. Eso es lo difícil y lo que se aspira a hacer. Yo tengo mi vida en otro lado, pero puedo dejarla un tiempo e irme muy lejos. Y cuando vuelva todo va a seguir siendo justo igual que antes.
Si todavía no me creen después de todas las pruebas irrefutables pruebas (esto es un blog de opinión, no una tesis científica) solo basta analizar una frase que se usa muy comúnmente: “mirá hasta donde llego ese”. Esto se puede usar en referencia a un ascenso, a un viaje o a la carrera de alguien (o a una competencia de meadas, pero eso es otra cuestión). Pero siempre hace referencia a un logró personal. De alguna manera el moverse de un lugar a otro siempre está asociado al progreso, entre más te podes mover más exitoso sos. Pero claro, que motivo hay para moverse si no es para poder mostrarle a donde llegaste al que antes tenías al lado.
Para entender un poco más esto es fundamental aclarar algo. No importa cuan lejos vaya la gente, nunca están escapando de ningún lado. Sea conciente o inconscientemente la mayoría de las cosas que hacemos en nuestras vacaciones están pensadas para cuando volvamos a nuestro lugar de origen. Sacar fotos, comprar regalos para los amigos de acá o cosas para la casa. Son todas cosas que hacemos pensando en nuestra vida cotidiana, así que, salvo por esa camisa ridícula que te compras allá pero que preferirías salir desnudo que usar en casa, todo lo demás que haces es para tu vida cotidiana.
Pero entonces, ¿por qué nos vamos tan lejos para no escapar de ningún lado? Y acá está lo verdaderamente loco de esto. Lo que queremos probar inconscientemente cuando nos vamos a algún lado es cuan lejos podemos llegar a irnos para después volver a nuestra vida habitual. Es por eso que sacamos fotos nuestras en los lugares y se las mostramos a nuestros amigos, sólo para decirles: “ves, pude llegar hasta allá y volver siendo yo mismo. Cualquiera puede estar ahí habiendo nacido ahí, yo llegué habiendo nacido acá”. Y ese es el verdadero logro en este tipo de situaciones, porque no es cuestión de cambiar o adaptarse a un lugar nuevo, es todo lo contrario. Lo fundamental es llegar lo más lejos posible y volver siendo el mismo. Lo que cambia radicalmente es el lugar, la persona sigue siendo la misma. Eso es lo difícil y lo que se aspira a hacer. Yo tengo mi vida en otro lado, pero puedo dejarla un tiempo e irme muy lejos. Y cuando vuelva todo va a seguir siendo justo igual que antes.
Si todavía no me creen después de todas las pruebas irrefutables pruebas (esto es un blog de opinión, no una tesis científica) solo basta analizar una frase que se usa muy comúnmente: “mirá hasta donde llego ese”. Esto se puede usar en referencia a un ascenso, a un viaje o a la carrera de alguien (o a una competencia de meadas, pero eso es otra cuestión). Pero siempre hace referencia a un logró personal. De alguna manera el moverse de un lugar a otro siempre está asociado al progreso, entre más te podes mover más exitoso sos. Pero claro, que motivo hay para moverse si no es para poder mostrarle a donde llegaste al que antes tenías al lado.
martes, 15 de enero de 2008
Lo que quieren que creamos que queremos
¿Qué es lo que queremos? Esta pregunta que parece muy sencilla y que todos ya contestaron en sus cabezas es más complicada de lo que parece. Porque la verdadera pregunta no es esa, sino que hay otra un poco más profunda y que, como todos ya sabemos, va a ser el tema a tratar en esta entrada. La pregunta misteriosa es: ¿qué es lo que realmente queremos?
Todos tenemos sueños y pretensiones, pero, ¿de donde nacen?, ¿quién nos las impone? ¿Somos nosotros los verdaderos arquitectos de nuestras vidas, o hay algo más que nos marca el camino? Esto parece una teoría conspirativa de Mulder en los expedientes secretos X, pero no me digan que nunca se hicieron esta pregunta: ¿realmente somos nosotros los que tomamos todas las decisiones de nuestras vidas?
Al mínimo análisis, uno se da cuenta que hay toda una industria que se dedica exclusivamente a lo que quieren que queramos. Desde que gaseosa queremos tomar, hasta como queremos vernos y finalmente que sueños debemos tener. Pero, ¿esto es tan así? ¿Somos tan vulnerables a los medios de comunicación que hacemos exactamente lo que ellos nos dicen?
Bueno, para responder esto podríamos hacer un ejercicio práctico. Simplemente salgan una calle transitada y vean como se viste la gente y compárenla con como nos vestimos nosotros. No me pueden negar que caímos en el engaño. Aunque bueno, tampoco seamos tan duros con nosotros mismos, no podemos ser originales en todo, sino nos pasaríamos todo el día haciendo ropa única. Pero siempre es bueno ser diferentes al resto en algo. Porque, eso es lo que nos diferencia de los demás y lo que nos hace valiosos.
Como seres humanos, y esto ya lo hablamos antes, tendemos a separar a los diferentes, a tomar distancia de ellos y construir un sistema de defensa para que ellos no puedan llegar a donde nosotros estamos. Pero, ¿qué sería del mundo sin la gente diferente? Posiblemente no podríamos curar gran cantidad de enfermedades, ni gozar de las obras de arte más magnífica y claro, ocurriría la catástrofe más grande de la existencia: no existirían las computadoras.
Aunque, muchas veces nos olvidamos de esto y nos dejamos llevar por los mensajes más fáciles de escuchar. Que no está mal hacerlo de vez en cuando, pero cuando nos acostumbramos a que nos griten en el oído no vamos a tardar mucho en quedar completamente sordos. Porque, es fácil para el fabricante saber lo que el público quiere cuando vos es él el que le dice al público que es lo que quiere. Y también es mas fácil, para el público saber lo que uno quiere cuando los demás le dicen que es lo que quiere, pero sin duda no es lo más conveniente.
¿Por qué? Porque cuando todos quieren exactamente lo mismo no hay suficiente para todos, eso genera inseguridad. Claro que el negocio de las marcas es que te sientas inseguro y compres su producto para conseguir eso que tanto querés, que por supuesto ellos te dijeron que es.
Todo este tema parece estar muy en el aire y es casi filosófico. Pero, aunque no nos demos cuenta, todo esto nos afecta muy de cerca. Les voy a pedir que hagamos otro ejercicio práctico (la próxima organizo una clase de yoga). Pónganse una mano en el corazón y díganme, no se sienten más competitivos últimamente. Y no digo con compañeros de trabajo, ni con gente que no se báncan pero que tienen que ver igual. Digo con amigos, con gente que aprecian y que ven por propia voluntad.
Eso no tendría que pasar, cada vez estamos viviendo en una sociedad más berreta, más básica y más insegura. Porque, eso es lo que generan todos los celos, la envidia y la competencia innecesaria. La famosa y nunca bien ponderada inseguridad.
Y claro, ¿cómo no nos vamos a sentir inseguros si vemos todo el tiempo gente que tiene mucho más poder que uno o culos perfectos de 300 metros colgados en el medio de la calle? Los que tienen lo que nos dicen que tenemos que querer nos lo muestran todo el tiempo, casi gastándonos, refregándonoslo por la cara. Y toda esta humillación pública de neon genera en nosotros los peores sentimientos de la raza, envidia, odio y finalmente el peor de todos, la violencia. Lo peor de todo es que no es la violencia obvia y fugaz que vemos siempre en los partidos de fútbol o en algunas reuniones del congreso coreano. Esta violencia es más estructural, se mete en todos los aspectos de nuestra vida y nos va convirtiendo de a poco en gente amargada y egoísta, cuya única alegría es amargar la vida de los demás.
La verdad muchachos que las pruebas están a la vista, todos sabemos que nuestra sociedad en muchos aspectos es una mierda, pero pocas veces nos preguntamos por qué y menos todavía hacemos algo para cambiarla. Realmente los únicos que nos cagamos con todo esto somos nosotros. Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos: ¿esto es lo que realmente quiero? Porque salidas siempre hay, solamente hay que querer tomarlas.
Todos tenemos sueños y pretensiones, pero, ¿de donde nacen?, ¿quién nos las impone? ¿Somos nosotros los verdaderos arquitectos de nuestras vidas, o hay algo más que nos marca el camino? Esto parece una teoría conspirativa de Mulder en los expedientes secretos X, pero no me digan que nunca se hicieron esta pregunta: ¿realmente somos nosotros los que tomamos todas las decisiones de nuestras vidas?
Al mínimo análisis, uno se da cuenta que hay toda una industria que se dedica exclusivamente a lo que quieren que queramos. Desde que gaseosa queremos tomar, hasta como queremos vernos y finalmente que sueños debemos tener. Pero, ¿esto es tan así? ¿Somos tan vulnerables a los medios de comunicación que hacemos exactamente lo que ellos nos dicen?
Bueno, para responder esto podríamos hacer un ejercicio práctico. Simplemente salgan una calle transitada y vean como se viste la gente y compárenla con como nos vestimos nosotros. No me pueden negar que caímos en el engaño. Aunque bueno, tampoco seamos tan duros con nosotros mismos, no podemos ser originales en todo, sino nos pasaríamos todo el día haciendo ropa única. Pero siempre es bueno ser diferentes al resto en algo. Porque, eso es lo que nos diferencia de los demás y lo que nos hace valiosos.
Como seres humanos, y esto ya lo hablamos antes, tendemos a separar a los diferentes, a tomar distancia de ellos y construir un sistema de defensa para que ellos no puedan llegar a donde nosotros estamos. Pero, ¿qué sería del mundo sin la gente diferente? Posiblemente no podríamos curar gran cantidad de enfermedades, ni gozar de las obras de arte más magnífica y claro, ocurriría la catástrofe más grande de la existencia: no existirían las computadoras.
Aunque, muchas veces nos olvidamos de esto y nos dejamos llevar por los mensajes más fáciles de escuchar. Que no está mal hacerlo de vez en cuando, pero cuando nos acostumbramos a que nos griten en el oído no vamos a tardar mucho en quedar completamente sordos. Porque, es fácil para el fabricante saber lo que el público quiere cuando vos es él el que le dice al público que es lo que quiere. Y también es mas fácil, para el público saber lo que uno quiere cuando los demás le dicen que es lo que quiere, pero sin duda no es lo más conveniente.
¿Por qué? Porque cuando todos quieren exactamente lo mismo no hay suficiente para todos, eso genera inseguridad. Claro que el negocio de las marcas es que te sientas inseguro y compres su producto para conseguir eso que tanto querés, que por supuesto ellos te dijeron que es.
Todo este tema parece estar muy en el aire y es casi filosófico. Pero, aunque no nos demos cuenta, todo esto nos afecta muy de cerca. Les voy a pedir que hagamos otro ejercicio práctico (la próxima organizo una clase de yoga). Pónganse una mano en el corazón y díganme, no se sienten más competitivos últimamente. Y no digo con compañeros de trabajo, ni con gente que no se báncan pero que tienen que ver igual. Digo con amigos, con gente que aprecian y que ven por propia voluntad.
Eso no tendría que pasar, cada vez estamos viviendo en una sociedad más berreta, más básica y más insegura. Porque, eso es lo que generan todos los celos, la envidia y la competencia innecesaria. La famosa y nunca bien ponderada inseguridad.
Y claro, ¿cómo no nos vamos a sentir inseguros si vemos todo el tiempo gente que tiene mucho más poder que uno o culos perfectos de 300 metros colgados en el medio de la calle? Los que tienen lo que nos dicen que tenemos que querer nos lo muestran todo el tiempo, casi gastándonos, refregándonoslo por la cara. Y toda esta humillación pública de neon genera en nosotros los peores sentimientos de la raza, envidia, odio y finalmente el peor de todos, la violencia. Lo peor de todo es que no es la violencia obvia y fugaz que vemos siempre en los partidos de fútbol o en algunas reuniones del congreso coreano. Esta violencia es más estructural, se mete en todos los aspectos de nuestra vida y nos va convirtiendo de a poco en gente amargada y egoísta, cuya única alegría es amargar la vida de los demás.
La verdad muchachos que las pruebas están a la vista, todos sabemos que nuestra sociedad en muchos aspectos es una mierda, pero pocas veces nos preguntamos por qué y menos todavía hacemos algo para cambiarla. Realmente los únicos que nos cagamos con todo esto somos nosotros. Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos: ¿esto es lo que realmente quiero? Porque salidas siempre hay, solamente hay que querer tomarlas.
viernes, 4 de enero de 2008
No hay problema
Hoy, como buen masoquista que soy, estaba pensando en la cantidad de problemas que aquejan mi vida, pero me aparte un poquito de eso en un momento y me puse a rememorar el pasado. Claro, uno siempre recuerda el pasado como algo idílico donde todo andaba mejor y que, nadie sabe como, se convirtió en este pequeño infierno en el que estamos ahora. Pero si nos esforzamos un poquito más en esa memoria destrozada por el alcohol y la falta de sueño, nos vamos a dar cuenta que también uno tenia problemas en esas épocas.
Y esto me llevo a una reflexión, ¿alguien tuvo alguna vez una época de su vida donde no tubo problemas? Sinceramente no creo que eso haya pasado nunca. Los seres humanos estamos destinados a tener problemas en todos los momentos de nuestras vidas. Claro que va variando su complejidad, desde conseguir la teta de tu mamá para alimentarte, hasta conseguir un crédito para tener una casa porque esa novia que ibas a dejar te acaba de avisar que está embarazada (que loco, el disparador de los dos problemas en el fondo es la mismo).
Pero indefectiblemente, siempre hay por lo menos un problema en nuestra cabeza. Y esto obviamente me lleva a preguntarme simplemente, por qué. Si a los seres humanos no nos gustan los problemas, ¿por qué entre todos nuestros logros, nunca pudimos conseguir lo que realmente afectaría nuestra existencia?: librarnos de nuestros problemas. Pero pensándolo un poco, esto no pasa por falta de esfuerzo. Porque todo lo que hace el hombre, directa o indirectamente, es para librarse de los problemas (o para qué sirven los productos que vende sprayet sino).
Claro que, más allá de todos nuestros esfuerzos y de todas las formas que podamos encontrar para tener abdominales firmes, no logramos eliminar todos nuestros problemas por completo. Y yo creo que, después de todo, no es tan malo eso. ¿Por qué? preguntaran ustedes al mejor estilo de una maestra de primer grado. Bueno, esta afición nuestra por los problemas no es más que nuestra forma para entender el mundo.
Imagínense por un momento que no veamos lo que nos molesta como un problema y que sólo lo consideremos parte de nuestra vida, eso estaría muy bien para hacer yoga, pero nunca mejoraríamos. Si aceptáramos todo lo que nos pasa y nos adaptáramos a eso sin generar un cambio, nunca podríamos habernos desarrollado como sociedad y seríamos una especie de civilización estancada en el tiempo. Seriamos como cualquier animal, con sociedades perfectamente esquematizadas, pero que por los siglos de los siglos permanecen igual, sin ningún tipo de cambio ni desarrollo.
Ojo, en algún momento todos podemos haber pensado distinto, incluso yo lo hacia hasta hace poco. Pero me di cuenta que lo único que nos diferencia de los animales es nuestra gran incapacidad de adaptarnos a nuestro medio. No somos capaces de sobrevivir en la naturaleza sin transformarla. Esto puede parecer malo a simple vista, pero es lo que nos da la capacidad de discernir, la posibilidad de pensar y decidir si queremos hacer bien o hacer mal. Y sinceramente, yo prefiero poder elegir si hacer bien o mal a mi entorno, que simplemente hacer bien sin poder entender por qué.
Recordemos muchachos, que la forma mejorar es seguir intentado encontrar la perfección, y la única forma de que esto suceda es careciendo de ella.
Y esto me llevo a una reflexión, ¿alguien tuvo alguna vez una época de su vida donde no tubo problemas? Sinceramente no creo que eso haya pasado nunca. Los seres humanos estamos destinados a tener problemas en todos los momentos de nuestras vidas. Claro que va variando su complejidad, desde conseguir la teta de tu mamá para alimentarte, hasta conseguir un crédito para tener una casa porque esa novia que ibas a dejar te acaba de avisar que está embarazada (que loco, el disparador de los dos problemas en el fondo es la mismo).
Pero indefectiblemente, siempre hay por lo menos un problema en nuestra cabeza. Y esto obviamente me lleva a preguntarme simplemente, por qué. Si a los seres humanos no nos gustan los problemas, ¿por qué entre todos nuestros logros, nunca pudimos conseguir lo que realmente afectaría nuestra existencia?: librarnos de nuestros problemas. Pero pensándolo un poco, esto no pasa por falta de esfuerzo. Porque todo lo que hace el hombre, directa o indirectamente, es para librarse de los problemas (o para qué sirven los productos que vende sprayet sino).
Claro que, más allá de todos nuestros esfuerzos y de todas las formas que podamos encontrar para tener abdominales firmes, no logramos eliminar todos nuestros problemas por completo. Y yo creo que, después de todo, no es tan malo eso. ¿Por qué? preguntaran ustedes al mejor estilo de una maestra de primer grado. Bueno, esta afición nuestra por los problemas no es más que nuestra forma para entender el mundo.
Imagínense por un momento que no veamos lo que nos molesta como un problema y que sólo lo consideremos parte de nuestra vida, eso estaría muy bien para hacer yoga, pero nunca mejoraríamos. Si aceptáramos todo lo que nos pasa y nos adaptáramos a eso sin generar un cambio, nunca podríamos habernos desarrollado como sociedad y seríamos una especie de civilización estancada en el tiempo. Seriamos como cualquier animal, con sociedades perfectamente esquematizadas, pero que por los siglos de los siglos permanecen igual, sin ningún tipo de cambio ni desarrollo.
Ojo, en algún momento todos podemos haber pensado distinto, incluso yo lo hacia hasta hace poco. Pero me di cuenta que lo único que nos diferencia de los animales es nuestra gran incapacidad de adaptarnos a nuestro medio. No somos capaces de sobrevivir en la naturaleza sin transformarla. Esto puede parecer malo a simple vista, pero es lo que nos da la capacidad de discernir, la posibilidad de pensar y decidir si queremos hacer bien o hacer mal. Y sinceramente, yo prefiero poder elegir si hacer bien o mal a mi entorno, que simplemente hacer bien sin poder entender por qué.
Recordemos muchachos, que la forma mejorar es seguir intentado encontrar la perfección, y la única forma de que esto suceda es careciendo de ella.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Regalo sorpresa
Mientras luchaba con un papel berreta y una cinta scotch, que tenga la marca que tenga siempre se te pega en los dedos, reflexioné un poco sobre esta hermosa época del año. Pero no me dediqué a todo en general, sino que me llamó la atención una parte de este enorme ritual, y me surgió una pregunta al respecto: ¿por qué envolvemos los regalos? Si al homenajeado le interesa el regalo y es lo que va a usar, ¿para qué molestarse en ocultárselo? Si lo va a terminar sabiendo después de romper el papel (o como hacen algunos futuros asesinos seriales, que delicadamente lo abren y lo guardan todo dobladito). ¿Es tan macabra está tradición que por más que le estemos regalando algo a alguien queremos que esa persona sufra hasta el último minuto por la incertidumbre de ver que es?
Aun así, pensándolo un poco me di cuenta de que no era así, sino que es todo lo contrario. En realidad hasta terminé pensando que lo más lindo de esta tradición regalera es el papel en si. Porque todos apreciamos el regalo que está adentro, es lindo que alguien gaste plata en vos y todo eso. Pero, al envolver ese objeto en un papel, la persona que regala se está haciendo un regalo a él mismo que va más allá de lo material. El verdadero objetivo del regalo es que la persona que te lo da quiere ver esa cara de sorpresa que ponés al recibir lo que querías y realmente, ese es el mejor regalo que podés recibir.
Que alguien te quiera y te aprecie tanto, que compre un papel horrible y envuelva lo que querías solamente para poder ver mejor tu cara de felicidad cuando finalmente lo descubrís es el mejor regalo que cualquiera podría tener.
Muchas felicidades en estas fiestas y ojalá que a todos nos den regalos muy bien envueltos.
Aun así, pensándolo un poco me di cuenta de que no era así, sino que es todo lo contrario. En realidad hasta terminé pensando que lo más lindo de esta tradición regalera es el papel en si. Porque todos apreciamos el regalo que está adentro, es lindo que alguien gaste plata en vos y todo eso. Pero, al envolver ese objeto en un papel, la persona que regala se está haciendo un regalo a él mismo que va más allá de lo material. El verdadero objetivo del regalo es que la persona que te lo da quiere ver esa cara de sorpresa que ponés al recibir lo que querías y realmente, ese es el mejor regalo que podés recibir.
Que alguien te quiera y te aprecie tanto, que compre un papel horrible y envuelva lo que querías solamente para poder ver mejor tu cara de felicidad cuando finalmente lo descubrís es el mejor regalo que cualquiera podría tener.
Muchas felicidades en estas fiestas y ojalá que a todos nos den regalos muy bien envueltos.
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